La extensión sanguínea es de gran importancia en algunas enfermedades hematológicas, ya que su diagnóstico puede realizarse o sospecharse sólo con observar la morfología de las células de la sangre.
Uno de los métodos más empleados para la realización del frotis sanguíneo es el método de los dos portaobjetos. Consiste en la extensión de una gota de sangre sobre un portaobjetos mediante otro portaobjetos. La técnica es la siguiente:
Cuando la extensión se realiza por este procedimiento, el frotis presenta tres zonas diferenciadas, en las que la morfología eritrocitaria puede variar y la distribución de leucocitos puede ser diferente.
La zona en que inicialmente se depositó la gota (“cabeza”) es excesivamente gruesa y no puede ser valorada adecuadamente. A continuación se extiende el “cuerpo” de la extensión, que corresponde a la región intermedia del frotis y en ella existe un reparto equilibrado de las células; es la zona ideal para la observación microscópica. Por último, al final de la extensión, se encuentran las “barbas” o la “cola”, es una zona fina dónde las células adoptan una disposición de cordones.
Otros métodos que se pueden emplear para realizar la extensión son el de los dos cubreobjetos o mediante dispositivos automatizados.
El frotis, una vez seco, se fija y se tiñe mediante colorantes adecuados. Generalmente, en los laboratorios hematológicos se emplean colorantes basados en la tinción de Romanowsky, basado en una combinación de eosina y azul de metileno.
Con la tinción de los elementos formes de la sangre se pueden distinguir los siguientes aspectos morfológicos de las células:
Aunque cada laboratorio emplea su receta, los colorantes y los métodos de tinción más empleados son la tinción de Giemsa, de May-Grünwald-Giemsa, y de Wright.
Las extensiones una vez teñidas y secadas pueden ser observadas al microcopio óptico.
Inicialmente se puede observar la extensión con objetivos de aumento bajo o intermedio (x20, x40). Con ellos se puede visualizar áreas suficientemente extensas para hacernos una idea global del aspecto del frotis. Con una barrido de diferentes zonas del cuerpo de la extensión observaremos los hematíes (el elemento más abundante) y entre ellos los leucocitos (los únicos elementos nucleados en condiciones normales en sangre periférica) y sus diferentes tipos, y por último comprobaremos las presencia de las plaquetas. En esta primera aproximación podemos comprobar el adecuado tamaño, forma y coloración de los hematíes, así como su uniformidad en estos tres aspectos. También podremos observar la presencia dispersa entre los hematíes de los leucocitos, entre los que visualizaremos diferentes tipos (heterogeneidad) como son en orden de abundancia: los neutrófilos, linfocitos, monocitos, eosinófilos y basófilos. Por último no hay que descuidar la observación de los elementos más pequeños de la sangre periférica: las plaquetas.
La correcta apreciación de los detalles morfológicos de las células de la sangre se realiza con el objetivo de inmersión en aceite (x100). El campo de visualización es más reducido, pero se ven mucho mejor los detalles morfológicos celulares, con lo que podremos reconocer fácilmente los diferentes leucocitos (y realizar la fórmula leucocitaria), los hematíes y las plaquetas.
La correcta forma de observar el frotis es realizando un barrido sobre el mismo, de forma que evitemos (salvo que expresamente deseemos lo contrario) pasar dos veces por la misma zona.
Para evitar que las extensiones se deterioren con el paso del tiempo, si éstas desean ser conservadas, hay que aplicar algunas procedimientos adicionales. Generalmente, el frotis se observa después de haberse secado después de la extensión y tinción, sin colocar un cubreobjetos sobre el portaobjetos. Pero si deseamos conservar las extensiones hay que colocar un cubreobjetos tras depositar sobre el portaobjetos una substancia adherente. Si ésto se realiza después de observar el frotis con aceite de inmersión, hay que limpiar la extensión con xilol para eliminar todo resto de aceite.